domingo, 27 de noviembre de 2011

De zombies y otros

Abro los ojos y despierto, a mi lado aun duerme mi hermano menor. Me levanto de la cama y camino en dirección de la puerta de la cuál sale una luz blanca segadora. Lo último que vi fue el charco de sangre que ocupaba todo el piso de la habitación continua.

* * * * * * * * * *

Pestañeo varias veces, mi hermano me miraba mientras que me aferraba del brazo. En sus ojos puedo notar una oleada de miedo, preocupación y tristeza que su cuerpo se niega a demostrar. Veraderamente a él le preocupaba esto de las visiones pero yo ya estaba más que acostumbrada.
Uno de los otros apareció en nuestro acecho y nos vemos obligados a separarnos. Ahí es la última vez que creí que volvería a ver a mi hermano y mis esperanzas de que ambos sobrevivamos se hacen cada vez más débiles.
Mientras corro. Por mi vida; por la de mi hermano, yo corro. Miro sobre mi hombro sin dejar de correr, y parece ser que lo he perdido y eso disminuye más la esperanza de vida de mi hermano. Cuando volteo, choco contra algo e intentando alejarme doy un traspié y caigo. Delante de mi puedo ver un viejo hombre que llevaba un arma. Su boca llena de sangre, su mirada fría como sin vida me dieron miedo.
Busque algo de valor en mi interior y entonces patee su mano provocando que el arma caiga al suelo. Sin pensarlo la tome apuntando hacia él.
- Aléjate.- Mi voz suena roca y áspera. También un poco fría y distante.
El hombre levanta los brazos y luego señala detrás de mi, donde el zombie que me había perseguido admiraba la situación. Agarro el arma con mas fuerza y preciono el gatillo en dirección de mi contrincante más cercano, nada me detiene hasta que las balas se me acaban.
El zombie cae al suelo y detrás de él puedo ver a mi hermano.
- Debes alejarte de él, no hará más que lastimarte. Es un hechicero.- Mi hermano parecía hablar en serio pero la idea de un hechicero-zombie me daba gracia.
Mi hermano estaba muy serio y cuando intente correr hacia él, el viejo me sostuvo del brazo. Un dolor profundo y agonizante comienza a llenar mi cuerpo, el recuerdo de mis padres nace, y mi cuerpo comienza a volverse loco. Mis colmillos se prologan y vuelven a lo normal; mi pelo rubio, sujetado en una trenza, se vuelve oscuro pero luego se aclara; y mi cuerpo adquiere posiciones de lo más ortodoxas mientras gimo y me retuerzo por el dolor.
Algo se forcejea para que el viejo me suelta, y no dudo que sea mi hermano pero el hombre tenía. al parecer, planeado que eso ocurra y entonces también tomo a mi hermano por sorpresa. Ahora los dos retorciéndonos en el suelo, sin la necesidad del contacto con el viejo, tenemos muy pocos probabilidades de vivir.
Pero ese era mi destino y aquí me encuentro hoy, junto a mi hermano. Ambos diambulamos por el mundo con la enfermedad en las venas. Lo único que nos impide que perdamos la razón como los otros contaminados, es el antídoto injectable que mamá nos dejó antes de morir y el apollo incondicional que tiene uno sobre el otro.
Ahora somos zombies, o no los somos. Estamos en el medio de las dos razas. La más propensa a ganar, y los sobre vivientes. Y a pesar de saber que las esperanzas son escasas apollamos a nuestra anterior raza, la posible perdedora y quiero que quede en claro que eso no impide que luchemos por ellos.

2 comentarios:

  1. :O me encantó! una mezcla rara pero me gustó mucho :3 super novedoso.

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  2. ¿Si? Basado en hechos no reales (prácticamente lo soñé todo, solo que distorcioné algunas cosas.)
    Gracias Cande, es bueno saber que mis relatos cuentan con el apollo de alguien como vos.
    Un beso y gracias por comentar.

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