viernes, 25 de noviembre de 2011

Días dorados, noches oscuras III

-Annabel, hoy no. No quiero empezar mal el día de mi cumpleaños. -Le dije.
Ella asintió y se alejó a buscar su mochila, luego me miró para decir:
-Pues cambiate rápido que llegaremos tarde al colegio. Y te aseguro que no va a ser una buena idea para empezar el día, y menos el de tu cumpleaños. -
-No voy hoy a clases. Tengo varias cosas que hacer. Si preguntan por mi cúbreme, di que estoy enferma o algo así. -
Ella levanta el dedo pulgar en forma de aceptación y se va de mi cuarto. Cuando tengo la seguridad de que ya no está en mi casa, miro a Julieta.
-Estuvo cerca. -Me dijó.
-Sí, gracias. - Le repondo.
-No hay problema, solo una cosa ¿Cuándo nos desasemos de ese estorbo de Annabel? -No pude evitar reír.
-Aún no, tendremos que esperar un poco más.- Dije sin aún dejar de sonreír.

Bajamos al comedor para encontrarnos con toda mi familia vestida de la misma manera que yo, azul abajo y blanco en los pies y en la parte superior.
-Buena elección, te ves preciosa- Me dijo mi padre.
-Guag, me veo como un idiota, gracias Sammy. -Chilló mi hermano.
-Pues a mi me sienta de maravilla estos colores. -Afirma mi hermana mientras juega con su vestido azul y golpea contra el suelo sus zapatos blancos.
-Perfecto. -Dijo mi mamá al tiempo que terminaba de arreglar la camisa blanca de mi hermana debajo de su vestido.
-Mejor que tu elección es. -Le contesté a mi hermano.
-No es mi culpa que mi remera del Counter estuviese sucia. -Volvió a chillar.
-Pero lo que te pusiste en cambio fue peor, unas bermudas color verde militar y una remera negra que decía Hard Rock. Sin contar la gorra que hacía juego. -Digo mientras que recuerdo la vergüenza que pasé.
En mi familia, en realidad en todas las familias de elfos, se acostumbra a vestirse igual que el transformante el día de su Transformación, y en caso de ser un amigo/a debe respetar esta regla solo que invierte el orden de los colores de las prendas.
-Julieta ya nos vamos ¿Quiéres venir?- Pregunto.
-Por supuesto. . Renpode al tiempo que chasquea sus dedos y en un abrir y cerrar de ojos está luciendo un short y zapatos blancos con una camisa parecida a la mía solo que azul marino.
Siempre quise hacer eso, desde que Ben me lo refregaba en la cara (sabiendo que no podía). Y ahora, a partir de hoy, podría hacerlo.

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