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martes, 27 de diciembre de 2011

Lorem Ipsum III

La segunda vez que la furia despertó el verdadero fuego fue cuando asesiné a Brian, mi hermanito menor. Recuerdo que desde entonces no soy la misma. La llama y la furia, ya no son algo desconocido sino un sentimiento más y esa fue una de las razones por la cual no pude detener la llama, evitar que me controle. Antes no podía controlarla, ignorarla, dejarla formar parte de mi.

Brian se había comidos mis panquesitos, había robado mis zapatillas azules de correr, me molestaba cosntantemente. casi rompe mi impecable libreta de calificaciones y nos había puesto en ridículo a Zack y a mi mientras estábamos en nuestra reunión para la universidad, gracias a amablemente los profesores habían decidido darnos otra oportunidad, sin contar que arruinó mi presentación para entrar al grupo de porristas de la escuela.

Estábamos solos en casa, yo le pedí que le bajara el volumen al televisor porque estaba estudiando y tratando de reponer los panquesitos que se había comido. Él ignoró mi petición, me sacó la lengua y subió, aun más, el volumen.
Quise retenerla, evitarla pero él era más fuerte que yo. El fuego nació en mi pecho, la piel me ardía, mi cabello y mis ojos se tornaron rojos, mi manos en llamas y mi respiración entre cortada. Una pequeña perdida de razón mientras que arrastré a Brian al patio trasero. El fuego de mis manos deshacían su camisa y su pelo rubio, y no castaño como el mio, se quemaba cada vez que rozaba con la llama. sus ojos azules y misteriosos cómo el mar me preguntaba que ocurría y porqué. Luego lo tiré contra un árbol y logré articular algunas palabras antes de que mi conciencia se desvaneciera:
-Corre, aléjate de mi todo lo que puedas, no mires atrás y no vuelvas para buscarme. Soy una amenaza para ti en este momento, ya no me podré hacer cargo de lo que suceda después de que el calor me ahogue y el fuego se apodere de mi. Lo siento... y cualquier cosa, no olvides que te amo.-
Mi hermano se echó a correr y lo vi alejarse de la casa. Estaba segura de saber a dónde iba y le bloquee la información a mi otro yo.
Otra perdida de conciencia.
Más tarde mi hermano yacía muerto sobre mi regazo. Su cuerpo desfigurado, sus ojos azules abiertos de par en par, y sus últimas palabras resonando en mi cabeza: Papá lo sabía, debes decirle. Te perdono.
Muerto en mis brazos, quemado por mis llamas, envuelto y sanado por mis lágrimas, yo era la única culpable de todo.
Me odié, sí que lo hice. Intensamente odie lo que hice, lo que podía hacer, mi habilidad, lo qué era y odie hasta mi existencia. Ya casi no me quedaban razones, ni mucho a lo que aferrarme para quitarme la vida de una vez.

martes, 20 de diciembre de 2011

Días dorados noches, oscuras V

Entré a un gran salón dónde tres hombres de largas barbas y orejas puntiagudas nos esperaban. El primero, se acercó a mi familia y se los llevó de la sala. El segundo se asomo a las escaleras y cuando se corrió un chico, de no más de 17 años, estaba subiendo. Se acerco a Julieta y a mi, y nos regala una expectacular sonrisa.
-¿Te importa?- Me pregunta señalando a Julieta, lo que significa que se la iban a llevar a ella también.
-Con tú eres Josh- Le digo mientras entrelaza sus dedos con los de Julieta.
Él asintió, y sus ojos verde esmeralda se volvieron a Julieta. Con que ese era su novio, Expectacular novio. Ahora se estaba alejando con Julieta de la mano, sin siquiera yo le haya dado una respuesta.
-Felicia, acercate.- Me dijo el tercer hombre. Y me llamo por mi nombre completo, cosa que me desconcierta porque hace años que nadie se dirige a mi con él. Asiento y hago lo que me pide.

Pase los últimos 20 minutos de mi vida relajándome sentada en el suelo. El hombre te toma por las manos y al instante te desconectas de todo lo que hay en tu mente y alrededor. Quedas sumido en un sueño. Sí, prácticamente te duermes.
-¿Y bien?- Pregunto despues de terminar de hacer los ejercicios.
Él me acerca un jarrón enorme lleno de todo tipo de flores.
-Elige una.- Me indica.- Pero no escojas al azar. Relaja tu mente y la que te llame a gritos, elige la más atractiva para tu vista, la que llame tu atención.
Vacilo con mi mano sobre el jarrón, toque algunas rosas de color violeta, unos tulipanes esmeralda, una flor de cerezo azul marino y un narciso plateado hasta que, por fin, encontré una (en realidad eran dos) que embriago mis sentidos, me desconecto del mundo, jugó con mis sentimientos. Esa era la flor (o las eran). Una hermosa orquídea de un turquesa imposible que, me sorprendí ver, estaba unida con la otra flor que me llamó la atención: un geranio azul cielo.
Ahora, en base a mi elección, se me asignaría mi especialidad. No puede esperar y pregunte:
-¿Qué significan?-
El hombre chasqueo los dedos y las bellísimas flores desaparecieron dejando en su lugar un cajac de flechas y un arco de madera del tamaño de mi mano.
La preguntas volvían a surgir en mi pero el hombre se me adelantó y empezó a hablar.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Lorem Ipsum II

Todo comenzó en Julio de este año. Yo era la típica chica sobresalientemente inteligente, creativa y aplicada. La típica multialumna, la preferida de los profesores pero también la típica chica popular, bella y adinerada. Poseía unos grandes ojos color ámbar y cabellera castaña con reflejos anaranjados, que se tornaban completamente rojos cuando la llama nacía en mi (cosa que odiaba porque mis ojos rojos asustaban y mi cabello anaranjado parecía fuego).
Recuerdo aún completamente, por la misteriosa violencia del episodio, la primera vez que los destellos rojos salieron de mis manos (o algo de él). Había salido a pasear con Preston. Yo sabía que le gustaba y quise darle una oportunidad.
Dinna, su ex-novia, aún estaba enojada con él por haberla dejado meses atrás y se había obstinado con que si ella no podía ser su novia, ninguna podía.
Estábamos caminando tranquilamente con Preston, Dinna apareció frente a mi con un helado de frutilla con chocolate y simuló tropezar al mismo tiempo que embarraba el helado en mi nuevo vestido blanco. Luego, entre risas, tomó la servilleta sucia y desparramó aún más el helado, mientras que decía: -Lo siento, fui muy torpe.-
En aquel entonces (y ahora también) yo era una persona tolerable. Tomé sus manos y las alejé de mi vestido, mire a Preston y le dije: -Iré a limpiarme.- Luego caminé tranquilamente hacia el bebedero más cercano mientras que sacaba el pañuelo de seda de mi bolso. Oí la risa de Dinna mientras habría la canilla. En un segundo, el agua ya había mojado todo mi cuerpo. Cuando logré cerrarla, noté una bandita elástica enganchada en ella. Voltee, aún si perder el orgullo, sin importar que ahora todo el mundo se me reía pero Dinna puso un pie en mi camino y caí sobre el pasto mojado y el barro que se había formado.
Levanté la vista y vi a Zack, mi mejor amigo, que me miraba con decepción. Lo había olvidado, la reunión para la universidad. Faltaban solo minutos para que comenzara y yo no estaba presentable. Me tendió una mano e intento levantarme pero mientras lo hacia, Dinna me golpeo disimuladamente y resbalé, empujando conmigo a Zack. Ahora sí que no podríamos asistir. Zack se levantó y se fue sin decir una palabra. Ahora la gente se había amontonado cerca de mi y hasta Preston se reía de la situación. Pero nada de eso me molestó, nada excepto la actitud de Dinna. Hacia meses que se comportaba de una manera desconsiderada conmigo, siempre tenía escusa para desquitarse conmigo. Y yo ya la había tolerado lo suficiente.
Un nuevo sentimiento nació en mi, una llama ardía en mi interior, supe que eso debía ser furia. Comencé a sentir un calor abrasador en todo mi cuerpo, especialmente mis manos. Tome a Dinna del hombro y la arrastre, literalmente, hasta mi auto estacionado a pocos pasos de allí. Luego solo conducía, la furia me embriagaba y me seducía a hacerles cosas horribles a Dinna. La razón no pudo con la furia, y la perdí por ese momento. Cuando detuve el auto, estábamos en un callejón sin salida. Baje del auto, tome por los pelos a mi acompañante y la saque de un tirón. Luego la lance a la otra punta. Sorprendentemente, con tanta fuerza que llegó a la pared golpeándose con la espalda.
Podía sentir el calor ahogarme, ahora con más fuerza y ferocidad ardía en mi; la furia seguía haciendo de las suyas; mi razón seguía escondida, temiendo de mi nueva yo. Sentí como mis manos ardían y pude sentir, también, como la llama comenzaba a surgir.
Luego de eso no recuerdo nada. Nada, hasta que desperté. Yo me hallaba parada a metros de Dinna, que estaba tirada en el suelo con graves quemaduras de tercer grado por todo su cuerpo. Recuerdo cómo me horrorice cuando vi su cara, que ya nada tenía de cara. Al rojo vivo y palpitante, sus pupilas entre abiertas, cortes. Me sorprendió no haberme desmayado ahí, en cambió, caí al suelo y rompí a llorar, temiendo lo peor. Temiendo por su vida, sin saber que había sucedido. Yo era la culpable.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Días dorados, noches oscuras IV

Papá abrió una puerta que había en la cabaña del patio trasero (que era sorprendentemente enorme) y entró sin más. Detrás de él iban mi mamá, mi hermana, Julieta y yo, y mi hermano cerraba la marcha caminando después de mí.
Adentro estaba muy oscuro e instintivamente no pude evitar cerrar mis ojos. Al sentir que dejábamos de caminar los abrí lentamente pero el sol era segador y dañino para mis ojos que venían de la penumbra. Esperé a que se acostumbraran a la luz y luego conteplé el lugar.
No había cambiado muchos desde que lo visité por primera vez. Árboles, en especial sauces, eran abundantes en el lugar, cabañas eran hogares y de piedras los caminos bordeados con flores, a lo lejos, detrás de unas verdes y hermosas sierras, se veía el agua, tan cristalina, azul y resplandeciente como recordaba.
Este era mi verdadero hogar, no esas ruidosas ciudades, esas construcciones frías y carentes de vida y ese ambiente descuidado. Por supuesto, que eso me caracterizaba como elfa. Yo odiaba aquellos lugares como todo elfo. En realidad nosotros somos considerados los más ambientalistas de todos los seres mágicos. Los amantes y defensores, de la naturaleza. Los hijos de la tierra, los pacíficos aprendices de lo natural.
Mi propósito era averiguar mi habilidad. Sí, además de poder controlar la magia nos especializábamos en una habilidad. Pero tu no puedes elegir la especialidad que desees, de eso se encarga tu cuerpo y tus fuerzas mágicas. La única razón por la cual tienes que visitar a los Elfos Mayores durante tu transformación era para que te comuniquen cual era, que aprendas de ella y que se te sea presentado el pueblo de tu especialidad (este "proceso", por llamarlo de alguna forma, se llevaba a cabo en alrededor de una semana. Por lo tanto estaría alejada de todos mis seres queridos (excepto si tengo la misma especialidad de alguno de ellos) y de la ciudad a partir de que me comuniquen mi habilidad).
Nuestra comunidad estaba dividida en 5 reinos: Agua, Aire, Fuego, Tierra y el 5° elemento (nombre muy original, por cierto). Que a su vez se dividen en pueblos según especialidades. Por ejemplo: Mi padre y mi hermano estaban dentro del reino Tierra pero en diferentes pueblos: Mi padre en el de Construcción y Ben en el de Comunicación animal. Mi madre se hallaba en el reino Aire pueblo Purificación. Y Julieta dentro del reino Agua pueblo Curación.
Si me preguntaras que especialidad me gustaría tener, respondería: Cualquier con la que pueda ayudar a los animales y plantas. Mi pasión por ayudar a los demás, por los animales y plantas y por comprender a todos, iba más allá de los límites. Literalmente moriría por ayudar. Por eso creo que la Curación o la Comunicación animal sería lo indicado para mi. Verdaderamente lucharía por aquello que amo.
Ahora sentados dentro del salón de espera del Consejo de Elfos Mayores, me siento muy nerviosa. El elemento y habilidad que sean "diagnosticados" marcarán mi vida, sin vuelta atrás o botón de reinicio. Me marcarán para el resto de la eternidad. En resumen, si no consigo una especialidad parecida a lo que me guste hacer pasare, técnicamente, sufriendo por el resto de mis días.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Lorem Ipsum

Rompí el papel que envolvía mi fantástico regalo. Ahogué un grito cuando vi el maravilloso traje de porrista. Miré a mi mamá, le había estado pidiendo, desde el comienzo del año escolar, que me comprara uno. Ahora podía presentarme para ocupar es lugar libre en el grupo de animadoras.

En esa navidad eso era lo que más me importaba... hasta que mi hermano, Brian, muere; mi mejor amigo, Zack, desaparece; todos los alumnos y profesores del instituto comienza a despreciarme; Luca aparece en mi vida; y mis padre se divorcian.

En ese momento perdí toda esperanza y felicidad, que habían sido característicos en mi; en ese momento tuve que mudarme con unos "Tíos lejanos" porque ninguno de mis padres quería hacerse cargo de mí; en ese momento cambié de ciudad a campo, de la acficiante ciudad al aire libre del pueblo; en ese momento debí madurar de repente, con una muerte y una desaparición molestando como un ardiente recuerdo en mi consciencia.

Ahora con nuevos amigos, pensamientos, amigos, familia y vida, Ya no soy la misma y menos ahora cuando de mis mano puedo hacer surgir la llama. El fuego no debe apoderarse de mi, ya no. Aprendí la lección, ahora sé el horrible tipo de consecuencias traía. Me prometí que no volvería a pasar. No quería hacerle daño, como el que le hice a Brian, a otra persona; ni espantar a nadie más, como lo hice con Zack (aunque no tengo muy claro lo que pasó con él); y menos hacerle daño o alejar a Luca de mí porque sé que tiene las respuestas que busco acerca de esto que me está pasando, acerca de este poder... además de que estoy locamente enamorada de él.


Hola gente, quiero hacer una aclaración acerca de la historia:
Lorem Ipsum es el nombre que la chica adquiere al mudarse con sus tíos (Ipsum es el apellido de la familia de sus tíos y Lorem es su nombre). Todo esto tiene un significado en latín.

domingo, 27 de noviembre de 2011

De zombies y otros

Abro los ojos y despierto, a mi lado aun duerme mi hermano menor. Me levanto de la cama y camino en dirección de la puerta de la cuál sale una luz blanca segadora. Lo último que vi fue el charco de sangre que ocupaba todo el piso de la habitación continua.

* * * * * * * * * *

Pestañeo varias veces, mi hermano me miraba mientras que me aferraba del brazo. En sus ojos puedo notar una oleada de miedo, preocupación y tristeza que su cuerpo se niega a demostrar. Veraderamente a él le preocupaba esto de las visiones pero yo ya estaba más que acostumbrada.
Uno de los otros apareció en nuestro acecho y nos vemos obligados a separarnos. Ahí es la última vez que creí que volvería a ver a mi hermano y mis esperanzas de que ambos sobrevivamos se hacen cada vez más débiles.
Mientras corro. Por mi vida; por la de mi hermano, yo corro. Miro sobre mi hombro sin dejar de correr, y parece ser que lo he perdido y eso disminuye más la esperanza de vida de mi hermano. Cuando volteo, choco contra algo e intentando alejarme doy un traspié y caigo. Delante de mi puedo ver un viejo hombre que llevaba un arma. Su boca llena de sangre, su mirada fría como sin vida me dieron miedo.
Busque algo de valor en mi interior y entonces patee su mano provocando que el arma caiga al suelo. Sin pensarlo la tome apuntando hacia él.
- Aléjate.- Mi voz suena roca y áspera. También un poco fría y distante.
El hombre levanta los brazos y luego señala detrás de mi, donde el zombie que me había perseguido admiraba la situación. Agarro el arma con mas fuerza y preciono el gatillo en dirección de mi contrincante más cercano, nada me detiene hasta que las balas se me acaban.
El zombie cae al suelo y detrás de él puedo ver a mi hermano.
- Debes alejarte de él, no hará más que lastimarte. Es un hechicero.- Mi hermano parecía hablar en serio pero la idea de un hechicero-zombie me daba gracia.
Mi hermano estaba muy serio y cuando intente correr hacia él, el viejo me sostuvo del brazo. Un dolor profundo y agonizante comienza a llenar mi cuerpo, el recuerdo de mis padres nace, y mi cuerpo comienza a volverse loco. Mis colmillos se prologan y vuelven a lo normal; mi pelo rubio, sujetado en una trenza, se vuelve oscuro pero luego se aclara; y mi cuerpo adquiere posiciones de lo más ortodoxas mientras gimo y me retuerzo por el dolor.
Algo se forcejea para que el viejo me suelta, y no dudo que sea mi hermano pero el hombre tenía. al parecer, planeado que eso ocurra y entonces también tomo a mi hermano por sorpresa. Ahora los dos retorciéndonos en el suelo, sin la necesidad del contacto con el viejo, tenemos muy pocos probabilidades de vivir.
Pero ese era mi destino y aquí me encuentro hoy, junto a mi hermano. Ambos diambulamos por el mundo con la enfermedad en las venas. Lo único que nos impide que perdamos la razón como los otros contaminados, es el antídoto injectable que mamá nos dejó antes de morir y el apollo incondicional que tiene uno sobre el otro.
Ahora somos zombies, o no los somos. Estamos en el medio de las dos razas. La más propensa a ganar, y los sobre vivientes. Y a pesar de saber que las esperanzas son escasas apollamos a nuestra anterior raza, la posible perdedora y quiero que quede en claro que eso no impide que luchemos por ellos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Días dorados, noches oscuras III

-Annabel, hoy no. No quiero empezar mal el día de mi cumpleaños. -Le dije.
Ella asintió y se alejó a buscar su mochila, luego me miró para decir:
-Pues cambiate rápido que llegaremos tarde al colegio. Y te aseguro que no va a ser una buena idea para empezar el día, y menos el de tu cumpleaños. -
-No voy hoy a clases. Tengo varias cosas que hacer. Si preguntan por mi cúbreme, di que estoy enferma o algo así. -
Ella levanta el dedo pulgar en forma de aceptación y se va de mi cuarto. Cuando tengo la seguridad de que ya no está en mi casa, miro a Julieta.
-Estuvo cerca. -Me dijó.
-Sí, gracias. - Le repondo.
-No hay problema, solo una cosa ¿Cuándo nos desasemos de ese estorbo de Annabel? -No pude evitar reír.
-Aún no, tendremos que esperar un poco más.- Dije sin aún dejar de sonreír.

Bajamos al comedor para encontrarnos con toda mi familia vestida de la misma manera que yo, azul abajo y blanco en los pies y en la parte superior.
-Buena elección, te ves preciosa- Me dijo mi padre.
-Guag, me veo como un idiota, gracias Sammy. -Chilló mi hermano.
-Pues a mi me sienta de maravilla estos colores. -Afirma mi hermana mientras juega con su vestido azul y golpea contra el suelo sus zapatos blancos.
-Perfecto. -Dijo mi mamá al tiempo que terminaba de arreglar la camisa blanca de mi hermana debajo de su vestido.
-Mejor que tu elección es. -Le contesté a mi hermano.
-No es mi culpa que mi remera del Counter estuviese sucia. -Volvió a chillar.
-Pero lo que te pusiste en cambio fue peor, unas bermudas color verde militar y una remera negra que decía Hard Rock. Sin contar la gorra que hacía juego. -Digo mientras que recuerdo la vergüenza que pasé.
En mi familia, en realidad en todas las familias de elfos, se acostumbra a vestirse igual que el transformante el día de su Transformación, y en caso de ser un amigo/a debe respetar esta regla solo que invierte el orden de los colores de las prendas.
-Julieta ya nos vamos ¿Quiéres venir?- Pregunto.
-Por supuesto. . Renpode al tiempo que chasquea sus dedos y en un abrir y cerrar de ojos está luciendo un short y zapatos blancos con una camisa parecida a la mía solo que azul marino.
Siempre quise hacer eso, desde que Ben me lo refregaba en la cara (sabiendo que no podía). Y ahora, a partir de hoy, podría hacerlo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Días dorados, noches oscuras II

Vivíamos en una pequeña casa en Italia, del mundo humano, claro está. Mi madre quería para nosotros una vida normal hasta que llegue nuestra Transformación. Nos inscribió en una escuela y nunca nos contó nada acerca de nuestra verdadera vida.
Nunca, hasta que un día Ben comenzó a Transformarse (madurar según los elfos mayores). Su pelo marrón oscuro (raro en un elfo) se volvió castaños, sus ojos se volvieron avellana y sus orejas... Bueno sus orejas crecieron, se hicieron largas y puntiagudas. Selene, él y yo creímos que estaba mutando. No fue, sino, hasta que mamá nos explicó todo que pudimos entender lo que ocurría.

Ya había pasado un año desde la transformación de Ben y ahora me tocaba a mi. Mi madre se había esmerado explicándonos como podíamos ocultar todos nuestros aspectos de elfo y en este momento me servirían de mucha ayuda, lástima que nunca la escuché.

Tapé lo más que pude mis orejas y volteé para ver quien era. Annabel estaba mirándome fijo, detrás de ella pude ver a Julieta pidiéndome unas silenciosas disculpas.
Annabel tiró su mochila escolar al piso mientras se acercaba normalmente hasta mi. Me sujeto algunos mechones de cabello y recé por que mis orejas no se asomaran. Oí un grito y un golpe seco a pocos centímetros de mi.
- No le gusta que le toquen el pelo- Dijo Julieta.
- Disculpa, pero yo sé que le gusta y que no- Respondió Annabel- Después de todo, soy su mejor amiga y tu solo una vecina que siquiera va a la misma escuela que nosotras-
En realidad, eso el lo que ella debía creer. De hecho había días que siquiera yo la soportaba. Mi verdadera mejor amiga era Julieta (también era elfa) no esa chica engreída pero mi madre me hizo prometer que hasta mi transformación debía ser la amiga de un humano para no levantar sospecha alguna. Pero ya no aguantaba más. Debía decir algo.

Hola gente ¿Cómo están? Yo acá festejando que nadie ha muerto, aún... Mentira, yo no creo en esas cosas pero ya que estamos: A ver 2012 con que te venís, porque el 11/11/11 a las 11:11 no sucedió nada, debió acobardarse.
Bueno perdonen por ese ataque de locura.
Eso es todo. Nos estamos leyendo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Días dorados, noches oscuras

-¡¡¡Feliz cumpleaños!!!-
Me sobresalté y caí de la cama. Abrí pausadamente los ojos de nuevo y observé a mi alrededor: mamá, papá, Ben, Selene, y Julieta estaban inclinados sobre mi.
-Una forma más tranquila (osea que no implique despertarme de esta forma) no había de hacerlo ¿No?
-Ya sabes cómo son las tradiciones, Sammy. -Dijo mi papá.
-Te pedí que no me digas "Sammy", suena a perrito (ven Sammy, toma Sammy, buena chica Sammy) -Respondí yo.
-Pues, ¡Feliz cumpleaños, mi cachorrito favorito, Sammy!- Dijo Ben mientras golpeaba reiteradas veces mi cabeza y reía. Mi hermana, Selene, riendose a más no poder, se acercó a el y chocaron los cinco:
-Buena esa -Le dijo ella.
Mi padre los fulminó a ambos con la mirada:
-Ahora nos vamos para que te cambies tranquila, cuando termines baja a desayunar. Hay pastel de alfajor negro, tú favorito. Vamos, no perdamos tiempo, hoy no podemos llegar tarde.
Quedamos solo Juli y yo. Mi madre se asomó por la puerta:
-Julieta, ¿Quieres pastel? -
-Pues yo sí- Dije mientras me dirigía, aún en pillama, hasta la puerta pero mi madre me detuvó:
-Tu no, debes cambiarte. -
-Pero Ben y Selene...-
-No te preocupes, yo me encargaré de que te dejen un par de porciones. -Me dijo Julieta.
Asentí, sabía que podía confiar en ella, después de todo era mi mejor amiga.

Luego de un largo rato encontre la vestimenta perfecta: una pollera al cuerpo azul marino tiro alto, una camisa muy bonita blanca, y unas sandalias súper refinadas del mismo color. Me paré enfrente del espejo. Anteriormente me había recogido mi pelo. que dejaba ver mis largas y puntiagudas orejas de elfo que tanto odiaba.
Alguien llamó a la puerta y yo rápidamente me solté el pelo rubio, que bajó hasta mi cintura. Típico largo del pelo de una típica elfa.


Espero que les guste, si quieren sigo con la historia porque esto solo fue una pequeña introducción.
Disculpen por no hacer entradas muy seguido, es que con el tema de mi cumpleaños, los exámenes integradores (que son un dolor de cabeza) y el diseño del cambio me queda muy poco tiempo para el blog. Pero intentaré ponerle más onda y buscar aunquesea 15 minutos para subir algo.
Bueno eso es todo, un saludo. No olviden participar de este formulario, y de votar en las encuestas (no es necesario ser seguidor del blog para hacerlo, y el formulario pueden completarlo cuantas veces quieran)

jueves, 27 de octubre de 2011

Simplemente, un juego de niños


Mi mamá tenía que trabajar hasta tarde y por eso no volvería a casa hasta la mañana siguiente.

Mi hermano mayor estaba con su mejor amigo y yo con la mía, prácticamente nos quedaríamos solos. Entre nosotros había un solo año de diferencia, pero aun así me trataba cómo si fuera mucho más pequeña.
Nuestra madre acababa de irse, por lo tanto, eran las siete en punto.
-Pidan comida. Hay bebidas en el refrigerador- Fueron sus últimas palabras antes de salir por la puerta.

-Niñas, faltan dos horas para cenar ¿Qué les gustaría hacer?- Preguntó mi hermano.
-Teníamos planeado ver una película- Respondió Ellie, mi amiga.
-¡¡Fantástico!! La veremos con ustedes- Contestó mi hermano.
Ellie y yo intercambiamos miradas y comenzamos a reírnos, los chicos se miraron y luego a nosotras sin comprender. Cuando nuestras risas cesaron asentí. Luego Ellie y yo nos dirigimos a la cocina.
La película estaba preparada, habíamos logrado ponerla mientras que los chicos no miraban. Era ese tipo de películas de amor bien empalagosas.
Ellie y yo estábamos yendo a la sala con bebidas y palomitas en mano, los chicos nos esperaban en el sillón durmiendo. En ese momento caímos ambas al piso. No fue una caída brusca, ni provocada por algún objeto con el cuál hubiésemos podido tropezar. La miré sin comprender y no halle más que confusión en su mirada. Dejé las bebidas y palomitas a un lado. Ella me copió. Nos levantamos y nos dirigimos hacia los chicos.
El camino pareció alargarse, no conseguíamos llegar a ellos. Decidimos correr. No avanzamos ni medio centímetro. Podía sentir como mis pies se despegaban del suelo y volvían a apoyarse, una y otra vez pero seguíamos en el mismo lugar ¿Qué estaba sucediendo?
Miré a mi derecha, Ellie batallaba para avanzar con la misma intensidad que yo. De pronto calló al suelo y la vi siendo arrastrada lejos de mí. Me detuve y comencé a ir tras ella. Ni modo, no podía acercarme a los chicos ni a Ellie. No importaba cuanto corriera lo único que lograba era ver como ellos se alejaban de mí. Nunca me rendí, nunca, hasta que vi como ella era levantada en el aire por una mano sin cuerpo. Su brazo era larguísimo pero no provenía de ningún lado. Quedé estúpidizada mirando como esa mano independiente de un cuerpo se llevaba a mi mejor amiga.
Cuando salí del shock, giré y me encontré con algo nuevo a mí alrededor. Los chicos ya no estaban allí. Un cuarto enorme color gris se alzó sobre mí. Dos camas y una mesa de luz eran los únicos muebles que había en ese lugar. Caminé un poco mientras que contemplaba el monótono lugar. Mi vista se detuvo en una niña, llevaba un vestido del mismo monótono color que, parecía ser el dueño del lugar. Llevaba el pelo largo hasta la cintura y sus pies descalzos parecían pegados al suelo.
-Niña- Llamé. No reaccionó.
-Te estoy hablando mocosa- No tenía tiempo que perder, no sabía el paradero de mi hermano ni el de mis amigos.
Logré girarla pero antes de que pudiera ver su rostro, ella tomó mi mano y comenzó a ejercer presión sobre ella.
-Debiste volver cuando no contesté- Oí una dulce voz seguida por risitas risueñas, pero no podían provenir de aquella niña, no tenía labios ni lengua para expresar esas palabras.
Luego giró hacia mí. Quedé verdaderamente atónita con lo que ví, entonces. En lugar de rostro y pecho había un hueco negro en ambos lugares a través de los cuales se podía ver. Insistí varias veces para que me soltara pero nunca lo hizo. Colocó mi mano en su orifico superior y comencé a sentir como se llevaba algo de mí.
En un intento desesperado por liberarme rebusqué en la habitación algo de que aferrarme y fue entonces cuando la vi. Sobre la mesa de luz, se hallaba una foto de la niña. En está faltaban su rostro y pecho que habías sido recortados.
-Me devolverás lo que me quitaste- Dijo. Aún no sabía si esa dulce voz era de ella.
Estaba mirando cada uno de sus orificios mientras que buscaba algo en mi bolsillo, cuando me topé con pedazos de papel. Los saqué, eran el rostro y pecho que faltaban en la foto. Observé mi mano, o lo que quedaba de ella. Mis dedos habían sido carcomidos y la sangre brotaba enérgicamente de ellos, manchando el orificio y escurriéndose de él.
Rebusqué en mi bolsillo y encontré un pañuelo. No tenía nada que perder. Lo tiré a través de uno de los hoyos de la niña y luego retiré mi mano. Había funcionado, solo faltaba la foto.
Corrí hacia ella pero antes de poder llegar sentí una gran presión en el cuello, luego mis pies se despegaron del suelo. El aire se iba agotando. Me estiré para alcanzar la foto pero la niña presiono más fuertemente mi cuello. Cada vez que intentaba alcanzar la foto, ella aumentaba la presión. Llegó un momento en que me creí capaz de desvanecerme, seguro ya había pasado por todos los colore, desde el azul hasta el rojo. La presión disminuyó de golpe, y caí de rodillas al suelo, respirando dificultosamente.
-No recuperaré lo que quiero si estas muerta- Dijo en tono consolador, mientras que me regalaba un gran sonrisa. Rápidamente se arrodilló a mi lado y tocó mi mejilla.
-Hazlo más fácil. No te servirá de nada tratar de impedirlo lo inevitable.- Se acercó a mi cuello, y sentí un escalofrío. -Ríndete- Me susurró.
Negué con la cabeza mientras que colocaba los recortes en la foto. La niña gimió, se levantó agarrándose la cabeza, cayó y rodó por el suelo. Me acerque, parecía muerta pero ya tenía rostro y pecho. De pronto sus ojos se abrieron y su cuerpo se elevó en el aire desapareciendo por completo tras una pequeña nube blanca. Yo estaba en el piso bien lejos de donde el cuerpo había yacido, me había alejado ni bien abrió los ojos.
Pestañé.
- Feli, despierta- Cuatro sombras se alzaron ante mí, y una me hablaba.
Parpadeé varias veces.
Todo se volvió más claro. Ellie, mi madre, hermano y su mejor amigo estaban arrodillados a mi lado llamándome. Me incorporé.
-¿Qué sucedió?- Pregunté.
-Una niña aventó esto contra ti mientras que jugabas con ella en el patio y te desvaneciste.
Miré el objeto. Era la foto de la niña del sueño, no tenía rostro ni pecho nuevamente. Amarrado junto al cuadro había una nota:

"El juego recién comienza.
Debes respetar las reglas.
No puedes salir del juego hasta que termine"

Espero que les haya gustado, verdaderamente lo subí apurada y es por eso que no tuve tiempo para corregirlo. Eso es todo por ahora. Nos estamos leyendo.